20 mayo 2008

FUJIMORI Y EL CANCER


El tema periodístico del día es el presunto cáncer que afectaría la salud de Alberto Fujimori. A partir de una noticia alarmante y sensacionalista publicada en el diario La Razón (esbirro fiel y desvergonzado del fujimorismo) y confirmada por su Keiko Fujimori, se ha creado un nuevo espacio de controversia en el de por sí enrarecido clima judicial que afronta el ex dictador.

Deconstruyendo la noticia a partir del análisis de blogs, Marco Sifuentes señala en
El Útero de Marita que la noticia no es nueva, pues durante el gobierno del Chino se tejieron estos trascendidos (desmentidos virulentamente por sus colaboradores de entonces). Dadas las circunstancias, y ante la aparente desgracia, se ha recurrido a un artilugio que busca desviar la atención sobre las revelaciones hechas por Perú 21, en el sentido de que las condiciones carcelarias de Fujimori son bastante ligeras.

Por su parte, José Alejandro Godoy en
Desde el tercer piso incide en señalar que "el tono de comercial de Jardines de la Paz que emplea el vocero del fujimorismo no corresponde a la verdad." en alusión a las eventuales exageraciones destinadas a dilatar el proceso seguido contra Fujimori.

Finalmente, en la línea de los psicosociales que suele perpetrar sin mucho éxito, el vocero de la bancada parlamentaria fujimorista,
Carlos Raffo desliza una extraña como endeble denuncia contra Roxana Haas, cuñada del Premier Jorge Del Castillo, referida a favoritismos para su contratación como funcionaria de segundo nivel en una embajada peruana en el exterior. La alusión ha sido respondida enérgicamente por César Hildebrandt en su columna del diario La Primera, quien explica que ésta es una venganza del ex asesor de la mafia, Vladimiro Montesinos, contra quien filtró a la prensa documentos sobre sus cuentas corrientes, en 1999:

"
Carlos Raffo –hijo simbólico de Anastasio Somoza, sobrino-nieto recontraputativo de Rafael Trujillo, caspa gruesa de Alberto Fujimori– ha vuelto a las andadas.

Ayer ha salido a acusar a Roxana Haas, empleada administrativa del consulado peruano en San Francisco, de haber sido puesta allí gracias a las influencias de su cuñado Jorge del Castillo.

Eso no es verdad. Conozco el caso porque soy parte de la historia breve y corajuda de Roxana Haas. En 1999, cuando algunos de los “valientes” y “demócratas” de hoy se meaban de miedo y se callaban renalmente en varios idiomas, Roxana Haas tuvo la audacia de copiar, de la computadora madre del Banco Wiese, el registro de movimientos de una de las cuentas que el ladrón y asesino Vladimiro Montesinos tenía en Lima.

Esos papeles se los entregó a Jorge del Castillo, que por entonces peleaba casi a solas, desde el Apra, en contra del régimen. Con esos papeles se apareció una noche Jorge del Castillo en la oficina del director de “Liberación”.

–Mira lo que te traigo –me dijo.

Les di una ojeada, traté de calibrar su importancia, estallé de entusiasmo.

–¡Carajo! –exclamé–. ¿Cómo has conseguido esto?

Fue en ese momento que me enteré de la existencia de Roxana Haas. Empleada del Wiese, harta como millones del muladar que la hez del Perú había construido desde Palacio de Gobierno, Roxana había logrado meterse en los registros mejor guardados de las cuentas menos publicables y había dado con los últimos movimientos de una cuenta de Vladimiro Montesinos Torres. ¿El saldo de esa sola cuenta? Dos millones y seiscientos cincuenta y nueve mil soles
."

Sea como fuere, en todo caso, tenemos para rato Fujimori (y sus esbirros) en la agenda nacional de coyuntura. Ah, con el cáncer no se juega.

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